Atrapados en Perú por el coronavirus

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Imagen con fines ilustrativos-Tomada de Google

Tomado de ABC España

Ya lo dijo la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, hace más de una semana: «No podemos poner un avión a cada español que quiere volver». Se refería a las dificultades y la paciencia que están requiriendo las repatriaciones en tiempos de coronavirus, entre otras, las de reunir a los afectados dispersos en cada país en las capitales o allí donde están los grandes aeropuertos de referencia desde los que volar a España. Países extensísimos o no muy bien comunicados -Filipinas, India, Ecuador….- donde a su vez se han dictado restricciones de movimiento, toques de queda. Por no hablar de los gastos no previstos que todo este operativo vaya a causar a cada bolsillo, porque la vuelta a asa no se costea con dinero público.

Pero una cosa es pagar y otra el «abuso». Lo contaba ayer lunes desde Perú una pareja de Alicante formada por Tamara Trujillano y Pablo Santiago, a la que el confinamiento por el coronavirus y la suspensión de todo transporte decretado por el presidente Martín Vizcarra la noche del 15 de marzo pilló de improviso en un pueblo cerca de Cuzco. Decidieron que a la mañana siguiente, a primera hora irían a visitar a toda prisa el Machu Pichu y salir de allí. No fue posible ni lo uno ni lo otro. Este sábado lograron llegar a Lima previo pago de 108 dólares cada uno, en efectivo, por un trayecto que normalmente «cuesta 20 o 25 euros», en el autobús que consiguió movilizar el Consulado General de España (CGE), que también ha organizado el vuelo de Iberia en el que esta pareja supo ayer tarde que , por fin, estará hoy viajando rumbo a Madrid hoy. A 362 euros al cambio por persona. Por el viaje de ida y vuelta, con una aerolínea ajena a Iberia que ha dejado de volar a Perú y les ha dejado atrapados allí, pagaron 370 euros.

«Entiendo que quien no tiene billete de vuelta pague, pero ¡cómo están abusando de la desesperación, de que tenemos que volver a casa!», lamenta Tamara que, interpelando al Consulado añade: «nos dicen «nosotros no ponemos los precios»… pero, al menos vela por mis intereses, que nos están cobrando cantidades desorbitadas».

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