Un éxito que siempre estará presente en el Año Viejo

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Dos noches por semana y con casi 92 años, el mexicano Tony Camargo, cantante del imperecedero tema “El año viejo”, revive su éxito en las plazas públicas de Mérida, la ciudad mexicana que hace 40 años eligió como su casa.

En su voz, “El año viejo” del compositor colombiano Crescencio Salcedo derivó en un himno imprescindible para celebrar el cambio de calendario con su conocido estribillo de “me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra”.

Desde que la grabó en 1953, para su primer disco, esta melodiosa forma de despedir el año dejó huella en su carrera y por 65 años le ha dado más fama que dinero a todo lo largo y ancho de Latinoamérica.

Reconocida figura de la música mexicana del siglo XX, a Camargo se le llegó a comparar con leyendas de la música latina como Beny Moré (1919-1963), Bartolomé Maximiliano Moré, conocido como “el Bárbaro del Ritmo” y con quien solían hacerse coros mutuamente.

Los primeros años de la trayectoria de Camargo quedaron marcados por su participación en las históricas caravanas de artistas mexicanos que recorrían los caminos del país para actuar y cantar en cada pueblo las canciones más escuchadas en la radio.

Reconocido hijo adoptivo de Mérida, Camargo ha recibido homenajes en la capital mexicana, en su natal Guadalajara y en la ciudad estadounidense de Houston.

Aunque han pasado más de dos décadas en los que no pisa un estudio de grabación para un disco nuevo, en casa y con sus amigos hacen grabaciones que luego son subidas a Internet, con temas como Colombia y Ecuador, ambas del compositor yucateco Miguel Lezama.

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