Prefieren morir a ceder el espacio

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Gustavo Moreno- Tomada de La Prensa Gráfica

Tomado de La Prensa Gráfica

Una vez, alguien dijo que lo único permanente es el cambio. Una verdad, de manera lógica, obvia, pero que a muchos políticos les cuesta entender. Es evidente que lo que sirvió hace 30 o más años para atraer votantes, ganar elecciones e incluso gobernar, no funciona en estos tiempos. Pero buena parte de nuestra clase política se sigue aferrando a esos métodos que no conectan con los nuevos ciudadanos, que son los nuevos electores. Estos electores jóvenes son cada vez la mayoría. Y tampoco conectan con los miles de ciudadanos que van transformando su visión.

Esta mayoría generacional a diferencia de los relevos generacionales de otras épocas está marcada por la revolución tecnológica que ha venido a empoderar a los ciudadanos al poner en sus manos la capacidad de ser al mismo tiempo receptores y emisores de mensajes. Hay un hecho que ya nadie puede negar: la gente se informa en los teléfonos celulares, cada quien elige en esa plataforma cuál medio prefiere, cuál red social prefiere. Las opciones son tan diversas como los ciudadanos. Ya no hay monopolios de información.

Al tener capacidad de emitir sus reacciones y sentimientos de inmediato, y que estos puedan ser compartidos por miles de otras personas a través de las redes sociales, cambió completamente todo el antiguo paradigma de las comunicaciones. Los que ejercen el poder están más en el ojo de la opinión pública. Y no solo eso, si hacen o dicen cosas que la gente no les gusta, reciben de inmediato la crítica que suele ser masiva y bastante dura. O recibir una buena crítica si lo que se dice o hace gusta a la mayoría.

Es obvio que a una buena parte de la generación inmediata anterior involucrada en política le cuesta entender estos cambios de paradigmas y se aferran a antiguos formatos. Eso llevó a los partidos mayoritarios a sufrir fuertes derrotas electorales. En mi opinión, la generación política anterior, esa que hizo la guerra en ambos bandos, y de donde nacieron las fuerzas políticas dominantes desde los acuerdos de paz hasta el 3 de febrero de 2019, llegaron al punto de renovarse o morir.

Y me temo que muchos de los pesos pesados en ambos partidos preferirán morir que ceder el paso al relevo político generacional. Ellos hicieron cosas muy buenas, defendieron lo que creyeron conveniente aun a costa de sus vidas, firmaron acuerdos que pusieron fin a la guerra y crearon nuevas instituciones. Pero también tuvieron oportunidad cuando ostentaron el poder de hacerlo mejor.

Lo bueno que hicieron quedó opacado por la tremenda corrupción de esos años. Ha sido escandaloso el saqueo al Estado, es decir, del dinero de la gente. La actual generación, la llamada millennial, seguida ya por los centennial, se siente asaltada. Siente que las oportunidades que les falta se las llevó el político corrupto de las antiguas generaciones. Pueda ser que esto no sea del todo justo, por aquello de que pagan justos por pecadores, pero esa es la percepción.

En algún momento a mí también me desagradó la política, porque la sentí demasiado injusta, pero luego reflexioné que seguiremos igual o peor si mi generación no asume dos retos, el primero reclamar su espacio, y el segundo el dejar de hablar y actuar como los mismos del pasado, como aquellos que cometieron los errores o los que fueron cómplices.

Es tiempo que la vieja generación dé un paso al costado, y que la nueva generación, mi generación, tenga la entereza y el valor de no solo emitir tuits y hacer memes sino de asumir la responsabilidad política que nos corresponde, continuar con lo bueno que haya, arreglar lo que haya que arreglar, hacer las cosas de mejor manera: con transparencia, eficiencia y sobre todo pensando en la gente y no en ideologías que ya están más que enterradas.

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