¿Cómo es la vida en un centro de contención? El Salvador

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Tomado de Actualidad RT

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Michelle Sol-ministra de Vivienda-no sabe si podrá cantar el cumpleaños feliz a su hija Nini, que cumplirá siete años en dos semanas. Sol es una de las más de 4.000 personas en cuarentena obligatoria confinadas en los llamados ‘centros de contención’, que el Gobierno de El Salvador habilitó para tratar de contener la expansión del covid-19.

«El 13 de abril es una fecha muy importante para mí, y ella ya me preguntó si voy a estar para su cumpleaños», dice Sol.

El Salvador es uno de los países del continente con menos casos confirmados de coronavirus. Mientras países como Brasil, Ecuador o Panamá suman docenas de fallecidos y necesitan ya cuatro dígitos para contar a sus contagiados, mientras países como Costa Rica, Honduras o Cuba van por los tres dígitos, El Salvador amaneció el 30 de marzo con 30 casos confirmados y cero fallecidos.

Tiene su mérito. Es un país de menos de 7 millones de habitantes, pero alberga el hub para Centroamérica de Avianca, una de las aerolíneas más importantes del hemisferio. Además, el país tiene una histórica estrecha relación con Estados Unidos, que ya se ha convertido en el epicentro mundial de la pandemia, y donde se estima que residen 3 millones de salvadoreños.

Ya le han realizado dos test y ambos han resultado negativos. Tras el primero, la movieron del hospital a un modesto hotel de San Salvador habilitado como centro de contención, el Bella Luz Centro Histórico, donde tiene su propio cuarto. «El personal que nos atiende es diligente y amable, y tenemos la posibilidad de recibir artículos, comida e insumos de nuestros familiares», dice.

Hoy por hoy, su mayor preocupación es el «rechazo y el acoso a familiares y amigos cercanos» que ha sentido en las redes sociales al hacer público que está en cuarentena. «Existe una cacería de brujas que inicia desde la información personal de los albergados; es como ser un leproso en época moderna», advierte, consciente de que este rechazo, mal manejado, podría derivar en situaciones de violencia.

«Yo estoy en la disposición de cumplir los 30 días, para tranquilidad de mi familia y de la población en general, siempre y cuando nos mantengan informados», dice Zamora.

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