Una estrategia para Costa Rica ante la crisis por COVID-19

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Tren Costa RIca-Tomada de Google

Tomado de Delfino.cr

Vivimos en un mundo extremadamente conectado, no solamente en lo digital, sino también en lo físico. Tenemos contactos con cientos de personas día a día y nos trasladamos miles de kilómetros en tiempos cortos. La disminución de la pobreza a través del mundo ha permitido mejorar condiciones de vida, lo que incluye la posibilidad de que más personas puedan optar por viajar a otros países y continentes. Esto ha hecho que seamos además un vehículo para enfermedades infecciosas, especialmente nuevas enfermedades que han aparecido en los últimos 20 años, y de las cuales no sabemos casi nada. Una de ellas nos sorprendió este año, la enfermedad COVID19, no sólo no tenemos ningún tipo de vacuna, sino que además muestra formas agresivas de propagación que en poco tiempo han impactado a todo el mundo.

El área que estudia las epidemias, se llama epidemiología, y hay tres aspectos importantes que se deben atacar en una pandemia:

  1. La parte médica: ve síntomas, tratamientos, vacunas.
  2. La parte de administración pública de la salud: encargada de aplicación de medidas a nivel de población y de asegurar las respuestas en los sistemas de salud.
  3. La parte cuantitativa (a la cual pertenecemos nosotros): que estudia la epidemia como un fenómeno de dinámica y utiliza matemáticas estadísticas y computación para simular o modelar posibles escenarios y proponer estrategias.

De inicio, deseamos aclarar que la longitud de este artículo refleja, a lo mejor de nuestro conocimiento, la enorme magnitud del reto que COVID-19 representa para Costa Rica. En nuestro caso, que hemos decidido seguir la vocación científica para tratar de contribuir a entender un poco mejor los aspectos específicos de cómo funciona el mundo, nos conecta el interés por sistemas complejos. Un país es un buen ejemplo en donde las personas, la industria, la infraestructura de transportes, la producción, la economía, las leyes y nuestras relaciones internacionales hacen que sea difícil entender cómo se ve el futuro a largo plazo: en los sistemas complejos no podemos depender de la intuición. Nuestras dificultades nacen de la cantidad y diversidad de interacciones que ocurren día con día: conversamos con amistades, pagamos por servicios públicos y hacemos trámites que terminan en decisiones a lo largo de una cadena de eventos donde el resultado final no es igual a la suma de todo lo que ocurre.

Sin embargo, la ciencia y la matemática nos muestran que cada vez más es posible entender la complejidad mejor en un momento histórico en donde la computación provee un enorme poder para analizar datos. Se nos hace obligatorio tratar de contribuir para evitar las consecuencias de salud inmediatas de COVID-19, y las de mediano y largo plazo que podrían afectar de manera irreversible nuestra vida en materia social y económica.

Las enfermedades infecciosas tienen la particularidad de que, al ser transmitidas de forma directa (o indirecta) por contacto, son capaces de multiplicarse de forma extremadamente rápida, en lo que nosotros describimos como crecimiento exponencial. Esto quiere decir que lo que inicia muy pequeño, con pocos casos, se extiende de forma acelerada, y mientras más casos, más rápido lo hace.

Estas enfermedades no solamente son un problema médico, sino además un problema a nivel de población, a escalas de espacio y de tiempo enormes. Por esta razón, una de las armas más potentes para poder controlar e idear estrategias a nivel país o región, es la utilización de modelos matemáticos, estadísticos y computacionales. Uno de nosotros, por ejemplo, tuvo la oportunidad de trabajar en el desarrollo de un modelo matemático para el Virus del Nilo, que estaba causando problemas en Canadá. Gracias al modelo matemático, el gobierno de Canadá logró cambiar las estrategias de control, pues pudimos demostrar matemáticamente que las acciones aplicadas eran contraproducentes. Pero este tipo de análisis, no se puede hacer en escala real, pues no se puede experimentar a nivel de población. Tampoco se puede decir probemos en este lugar esto, y en aquel otro esto otro. Todos los escenarios deben ser planteados mediante modelos matemáticos.

Los modelos matemáticos que se construyen, además, deben progresivamente incluir aspectos de las personas como seres sociales. Por ejemplo, de cómo la percepción impacta las decisiones que tomamos para alcanzar consenso y entendimiento colectivo[1]. Cuando hablamos de entender cómo administrar una emergencia, además, necesitamos tratar de representar la mayor cantidad de personas posibles en el modelo, las suficientes para que los datos que obtenemos sean lo suficientemente representativos a la realidad[2]. Similar a lo que ocurre durante la estimación de riesgo en vulcanología, estimar el riesgo del COVID-19 debe hacerse siempre desde los datos y los modelos para crear escenarios de la forma más realista posible, haciendo uso de todos los recursos a nuestra disposición incluídos aquellos provenientes de cooperación científica internacional. Nuestra experiencia conjunta indica que para atacar las consecuencias de COVID-19 de forma anticipativa no existen atajos, y que, a falta de suficientes datos, la única forma de proceder es mediante el mejor conocimiento disponible.

Nuestra propuesta para Costa Rica

La velocidad de acción es la clave para mantener la seguridad y disponibilidad del sistema hospitalario y asegurar que medidas inteligentes de relajación de restricciones de distanciamiento social, así como otras medidas de naturaleza económica y social, puedan efectuarse después de haber superado la primera ola de COVID-19.

El corto plazo

Estas medidas inician con sostener el distanciamiento social y proveer la red de seguridad médica, económica y solidaria a personas vulnerables y trabajadoras en posiciones de riesgo sanitario, la pequeña y mediana industria, y a todos los sistemas institucionales sobre los que descansa el país. Estimamos que estas medidas, siguiendo el plan que esbozamos a continuación, podría extenderse entre 8 a 12 semanas en el mejor de los casos.

Simultáneamente, la prioridad central del Estado en este momento debe ser el procurar pruebas para al menos un 20% de la población, es decir, un millón de personas, y aplicarlas de manera agresiva. En este momento empiezan a aparecer pruebas rápidas a lo largo de la industria farmacéutica, y la CCSS en conjunto con el Ministerio de Comercio Exterior y la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) están en la posición de negociar con diferentes proveedores, bajo reglas de extrema urgencia, la adquisición de esta cantidad de pruebas rápidas para personas asintomáticas. Sólo hacerlo para las que presentan síntomas implica estar pasos atrás de la pandemia.

En cuanto a la distribución de las mismas, existe un precedente en Costa Rica para distribuir y aplicar instrumentos de medición a lo largo del territorio nacional en un solo día: el proceso electoral costarricense, que logra medir la manifestación de voluntad de cerca de los tres millones cuatrocientas mil personas electoras. La experiencia del Tribunal Supremo de Elecciones, dada una prueba rápida para COVID-19 con la tecnología correcta y bajo estándares sanitarios estrictos en el proceso para preservar la salud de todos los presentes, es invaluable como modelo para efectuar el proceso de análisis. Con un costo de equipo, implementos de prueba y el costo de organización, estimamos un costo de $50 millones. Sea a través del empréstito planificado con Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de la reserva presupuestaria de instituciones como la CCSS o el ICE u otras fuentes, dedicar $50 millones de dólares provee de manera inmediata datos para levantar selectivamente el proceso de distanciamiento posterior a la primera ola de casos que, insistimos, puede durar entre 8 a 12 semanas en estar bajo control.

Al mismo tiempo, necesitamos que la CCSS provea de manera inmediata datos anonimizados y, al mismo tiempo, mucho más detallados de la demografía de la población afectada por COVID-19 que incluya edades, contextos económicos, ubicación geográfica por barrio y distrito (no por casa), perfil de condiciones preexistentes y entorno familiar entre otros para crear escenarios tanto epidemiológicos para predicción de futuros requerimientos hospitalarios y de efectividad de medidas para evitar la propagación poblacional, como escenarios económicos a nivel distrital y por sector económico que permitan focalizar las medidas que se tomen a nivel microeconómico distrital hasta las decisiones macroeconómicas de manejo de divisas. Vivimos en una época de enormes volúmenes de datos, y hoy más que nunca, nuestra propuesta es más que viable. Para salvar la mayor cantidad de vidas posibles, necesitamos entender al menos un poco acerca de ellas.

¿Cómo utilizaremos estos datos? Primero, mediante una colaboración directa entre personas con un perfil científico en epidemiología, matemática, física, computación, estadística, análisis de datos, economía, geografía, y todas las ciencias naturales y exactas. El proceso de construcción de estos modelos necesita operar sin trabas institucionales, dirigido exclusivamente por la ciencia. Al mismo tiempo, debe ser un proceso cuyo resultado provea la menor incertidumbre y llevado a cabo de la forma más responsable posible para que sea un insumo inmediato al proceso de toma de decisiones mediante un flujo de conocimiento constante desde el proceso de modelado hasta alcanzar la realidad institucional. En efecto, hacemos un llamado a todas las personas cuya formación científica les permite contribuir: esto no es un simulacro, y este es el momento de actuar. Como profesionales en nuestras respectivas ramas, ser profesional implica tener la capacidad de aceptar y administrar riesgos, y este es el riesgo más importante que hemos enfrentado en muchas generaciones.

Segundo, mediante el uso de conocimiento científico internacional, acumulado, documentado y probado a través de situaciones dentro del país y a lo largo del mundo. Estos modelos siguen el espíritu de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, pero somos todos en la comunidad científica costarricense quienes debemos trabajar en los detalles únicos que correctamente se ajusten a la realidad nacional. Estos modelos se expresan mediante matemática que ha madurado a través de siglos y décadas, y de las cuales la comunidad científica es depositaria. En verdad podremos ver más lejos en esta emergencia si nos sostenemos sobre los hombros de gigantes.

Un aspecto esencial de esta emergencia es el ejercicio práctico de las relaciones comerciales y diplomáticas. Instamos al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt) y a la Embajada de Costa Rica en Corea del Sur a crear los ligámenes técnicos necesarios para trasladar la experiencia de pruebas masivas y procedimientos clínicos lo antes posible a la realidad costarricense. Simultáneamente, es indispensable alinear el sector de empresas transnacionales para identificar medidas conjuntas que permitan aprovechar el recurso bien formado que las compone y usar esas capacidades para mejorar los escenarios aún más.

Finalmente, este es el momento en donde el Consejo de Investigaciones en Salud (Conis) del Ministerio de Salud debe recibir el máximo apoyo posible, de tal forma que toda cooperación técnica destinada a poder evaluar rápidamente solicitudes nacionales e internacionales para ensayos clínicos tendientes a alcanzar una vacuna, o probar la efectividad de diversos medicamentos para casos severos y críticos. Para este fin, hacemos un llamado específico al MICITT, al Consejo Nacional para Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) y a la Academia Nacional de Ciencias para que se contacte a la diáspora costarricense con el fin de asistir al CONIS y a personas especialistas médicas en todas las áreas posibles.

El mediano plazo

A mediano plazo, y suponiendo que el proceso de distanciamiento físico de personas es efectivo y que se efectúan pruebas en la intensidad que sugerimos, será posible relajar las medidas de distanciamiento a partir de evidencia. Cada distrito donde no se registren casos podrá aumentar sus actividades, evitando contacto con distritos donde al menos un paciente se haya reportado. En el caso de distritos en aislamiento, estos pueden recibir el apoyo económico necesario para sostener la salud y la economía local y la de sus habitantes. Los datos nos ayudan a priorizar y enfocar donde las necesidades sean más apremiantes.

Conforme se relajan las restricciones internas, es posible además crear protocolos para reactivar lo turístico. Países con estándares similares de pruebas como los descritos aquí pueden ser sujetos a ingreso. Con la existencia de una prueba rápida, el ingreso de personas por vía aérea y marítima ocurriría siempre y cuando un 25% de quienes arriban verifiquen que no están contagiadas. Si al menos una persona es positiva en la prueba, toda la tripulación y pasajeros serían puestas en cuarentena obligatoria con las medidas de salud necesarias. Adicionalmente, toda persona extranjera debería reportar su ubicación dos veces al día a instancias sanitarias mientras no se haya aplicado una vacuna a nuestra población, y quien incumpla sería sujeto a deportación inmediata.

El largo plazo

El mensaje de COVID-19 al país al largo plazo es contundente: es indispensable incrementar la inversión del Estado en recursos científicos, tecnológicos y educativos accionables para que, en momentos como este, sea posible moverse tan rápidamente como sea necesario. En esto consiste la diferencia entre la respuesta de Corea del Sur y Suecia, y la costarricense: en ambos países, equipos de personas investigadoras se integraron más allá del ámbito universitario tradicional y han permitido establecer escenarios que representan alternativas para la política pública.

Costa Rica necesita a partir de este momento reconocer y adoptar políticas basadas en evidencia. Adicionalmente, es indispensable diversificar aún más la base de ingresos global y mover al país hacia la producción de base científico-tecnológica que reduzca nuestra dependencia en turismo. Estimamos que existen dos grandes escenarios en el futuro de Costa Rica después de COVID-19. El primero es uno en donde medidas efectivas se tomen rápida y acertadamente, incluyendo la universalización de una vacuna cuando exista, y los empréstitos internacionales sean de la magnitud suficiente para sostener a quienes son más vulnerables en nuestra población mientras ocurre un ajuste en la dirección productiva nacional; este proceso, post-vacuna, podría tomar entre dos a tres años. El segundo escenario extremo es donde la población no toma seriamente a COVID-19, donde medidas basadas en evidencia no se toman y por ende el sistema de salud y seguridad social entra en colapso. Este es el peor de todos los mundos posibles, porque resultaría en uno donde cualquier empréstito y apoyo internacional sería para reconstruir el país, tal como ocurre en una guerra, y no para defenderlo o mejorarlo.

Comentario Final

Al igual que Costa Rica tiene un amplio panorama de oportunidades globales que necesita aprovechar, el país está sujeto a riesgos globales que serán posiblemente más y mucho más severos. Pero en lo inmediato, COVID-19 es la amenaza más grande que el país ha enfrentado, y por ende, debemos hacerlo con todas las mejores herramientas posibles para tratar de evitar la crisis sanitaria masiva cercana, y la recesión y crisis económica que le sigue.

Para que las estrategias contra COVID-19 sean las mejores, los modelos y los datos creados responsablemente deben tomar precedencia sobre las relaciones públicas y la política, pues a la naturaleza no podemos engañarla.

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